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La discapacidad forma parte de la condición humana

Judith Vietto, estudiante de 4° año de Psicopedagogía

“Empezar a mirarnos y mirar al otro desde lo que puede ser”

¿Cuántas veces nos sentimos incapaces de hacer algo? A muchos de nosotros nos parecía muy aburrida la clase de matemática y nos frustrábamos si no nos daba el resultado correcto de la multiplicación, a otros las manualidades les eran imposibles y aunque le ponían mucho esfuerzo, el resultado final nunca era lo que se esperaba; sucede que nos evaluaban todo el tiempo por lo que debíamos lograr y si no resultaba, venía la mala nota. De cuántas entrevistas de trabajo hemos quedado fuera porque nuestro perfil no “se ajusta” a lo esperado por el sistema.

Lo que sucede en la escuela, y en todos los ámbitos de la vida de las personas, muchas veces resulta en exclusión, y si tenes suerte podes lograr “sentirte integrado” a un sistema, esto significa cuando crees ser parte de un lugar, pero tenés que hacer un esfuerzo enorme para adaptarte a las circunstancias, tenés que modificar tu propia vida para poder “encajar”; cuántos de nosotros tuvimos que recurrir a maestra particular para poder aprobar una materia.

No hace mucho tiempo, allá por los años 90, comienza a incorporarse en el campo pedagógico el concepto de Inclusión, con el que se pretende sustituir la integración, hasta ese momento el dominante en la práctica educativa. El supuesto básico de la inclusión es que hay que modificar el sistema escolar para que responda a las necesidades de todos los alumnos en lugar de que sean los estudiantes quienes deban adaptarse al sistema, integrándose a él. Pero, ¿qué implica ello?, y aquí invito a pensar la integración y la inclusión en todos los ámbitos de la vida de la persona.

En primer lugar entender que “la discapacidad forma parte de la condición humana” y esto es la base del proceso de transformación que debemos hacer como sociedad, una persona con discapacidad es aquella que tiene una dificultad para realizar determinada acción, y en definitiva ¿quién no la tiene? (te invito a repasar en tu discapacidad y cómo te hace sentir ello).

En segundo lugar activar la empatía que nos caracteriza como seres humanos y que sea el motor para investigar; la información es un arma muy poderosa que nos da herramientas para saber conducirnos en la vida, tener autonomía y elegir con libertad. Ello nos va a permitir ser creativos y establecer nuevos recursos adaptados para el otro (o para mí), nuevos sistemas educativos que piensen en ayudar a desarrollar al niño desde sus habilidades, no desde su discapacidad; y aquí me detengo porque es el tercer punto al que deberíamos atender para lograr la inclusión (no sólo educativa, también social porque esta modalidad atraviesa todos los niveles), empezar a mirarnos y mirar al otro desde lo que puede ser, desde sus potencialidades, capacidades, advirtiendo las discapacidades sólo para modificar su entorno y que la persona no tenga que poner energía en el obstáculo, sino que les permita tener una mejor calidad de vida y más productiva.

Nos queda un gran desafío por delante, dejar de negar la realidad porque todos, más evidentes o menos evidentes, tenemos una discapacidad, aprender a mirar al otro y poner a su servicio lo que sí nos permiten nuestras capacidades y valorar la particularidad del otro, lo que nos hace diferentes, pero únicos e imprescindibles.


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