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¿Qué vas a hacer después de esto?

 

Escrito por Sara J. García, docente de Práctica Profesionalizante II y Pedagogía Social de la Tecnicatura Superior en Pedagogía Social.

En estos tiempos de aislamiento social, estamos lejos de un abrazo que “mate angustias”, valoramos y resignificamos eso que tiene el “cara a cara”, esa mirada, ese abrazo, el tacto, las voces, los aromas, las risas, la espontaneidad.

Lo personal de descubrirse, de encontrarse, de descubrir al otro y descubrirse a sí mismo en ese otro.

La virtualidad genera acercamientos posibles, pero la pregunta que instala sería: ¿qué vínculo soportará el cuerpo? Cuando esta época de aislamiento pase, ¿volveremos a encontrarnos con esas personas por fuera de la virtualidad?, ¿seremos capaces de sostener a quien me sostiene en estos momentos de angustia, de soledad, de incertidumbre, en estos días de “acompañar a la distancia”?

Valoremos tener a ese otro para que me ponga el hombro, para que me sostenga, para que me abrace y me diga “lo intentamos”, que se quede callado, que si no hay nada que decir no diga nada. A veces, no hay palabras que alcancen, pero ahí tenemos de nuevo el acercamiento, ese verdadero, el de la contención, de la emoción, ese que es real, ese que elimina el miedo.

Porque el miedo si se comparte se olvida, se pierde, se hace chiquito, y podemos tener más fuerzas. Hoy el abrazo es virtual, nos quita el miedo, pero no las esperanzas de atravesarlo y nos invita a guardarlo, a cuidarlo hasta volvernos a encontrar.

Nuestros lazos sostienen lo posible en esta era de la virtualidad y encierro obligatorio, nos alejan de la realidad, de los diagnósticos y pronósticos, del miedo, de la incertidumbre. Nos abrazan a la distancia, nos acarician en esta soledad, ante esta política salubre de no abrazarse.

No sé si lo recuerdo o me lo contaron, pero cuando era chiquita mi mamá me decía "dame la mano para cruzar la calle", y yo le decía "no, no te la doy, te la presto", porque dar la mano me sonaba a darla, sacármela y darla ¿pero dar una mano no es eso?

Dar una mano a alguien es mucho más que hacer un favor. No es dedicar unos minutos que te sobran o prestar una remera que no usas, es dar una parte tuya, es darte vos.

Dar la mano es aferrarte y aferrar al otro. Cuando el mundo se vuelve un abismo y todo se cae, tus manos no se aferran a algo, se aferran a alguien, alguien que no te deja caer.

Cuando vos diste tu mano ya no hay forma de soltarla, ya no es tuya, está unida a la del otro, las dos manos son una. Las manos nos unen, nos suman, cuando damos la mano dejamos de ser yo para ser nosotros.

Mi mano ya no es mía, es tuya o nuestra. No soltemos la mano, pase lo que pase.


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