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Prof. Dr. Héctor H. Gómez (Mat. 19435/0) (Profesor en la "Tecnicatura Superior en Enfermería" y la "Tecnicatura Superior en Pedagogía Social")

Año 2020, inicio de una nueva década, inicio de un nuevo año, en los primeros dos meses, como en todo comienzo nos rodean las expectativas, los proyectos, planes a concretar, los posibles temores, sensaciones que de una u otra manera sentíamos todos. Como al pasar escuchábamos que, en una ciudad de China, a finales de 2019, había comenzado una epidemia provocada por un nuevo virus, que se llamó posteriormente Covid 19… ¡cuántas veces lo hemos nombrado en estos meses! Lo que nunca imaginamos, es que ese “nuevo integrante “de nuestro planeta marcaría un antes y seguramente un después, en nuestras vidas.

Todo cambió, desde lo más sencillo de las actividades, hasta las más complejas. Ya nada será igual. Fueron tantas las cosas oídas, dichas, interpretadas, que hasta pareció que el mundo se hubiese “detenido” …que el resto de las enfermedades “no existieran” y que todo gira alrededor de Covid, “del corona” …del nuevo virus. 

En este pequeño comentario no voy a referirme a él, ya se ha dicho mucho, algunas muy ciertas y otras… no tanto, pero sí trataré de desarrollar brevemente en este contexto de pandemia, de cuarentena, de aislamiento social, preventivo y obligatorio que rige en nuestro país desde el veinte de marzo y que aún hoy permanece, la problemática que surge, a veces por temor otras por desconocimiento, de la postergación de consultas, estudios y tratamientos de “las otras enfermedades”, especialmente las enfermedades no transmisibles (ENT), entre ellas, por ejemplo, las enfermedades cardiovasculares y cánceres entre otros. 

Según las últimas estadísticas disponibles del Ministerio de Salud de la Nación, las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en la Argentina, con el 28,5% de las defunciones; seguidas por los tumores (19,2%) y las enfermedades respiratorias (19%). De modo que las cardiopatías y los cánceres explican casi la mitad de las muertes en el país. 

Si bien no hay obstáculos para todo tipo de consultas y prácticas, muchos especialistas afirman que hay distintas trabas de facto, como el temor del propio paciente a salir de su domicilio, en particular de concurrir a los centros de salud y contraer el coronavirus. Esto es una preocupación global. 

En conferencia de prensa, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) alertó que “las medidas de quedarse en casa, las interrupciones en la prestación de servicios de atención médica y el miedo a asistir a los centros de atención han resultado en una reducción de las visitas clínicas opcionales y en un menor acceso a diálisis renal, atención del cáncer y demoras en tratamientos de alta prioridad para pacientes con ENT (enfermedades no transmisibles, tales como el infarto de miocardio; el accidente cerebrovascular, ACV; el cáncer; la diabetes, y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, EPOC)”, lo que “pone a los pacientes en mayor riesgo de complicaciones y muerte por enfermedades” que se pueden tratar. 

A su vez, la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó que “la prevención y el tratamiento de ENT se han visto gravemente afectados desde que comenzó la pandemia”.

Si bien es cierto que no existen restricciones legales para que las personas concurran a los centros de salud, muchos no lo hacen y justamente es allí, desde nuestro rol de docentes y a través de nuestros alumnos, como agentes multiplicadores de información y formación, orientar y promover que no se deben postergar las consultas médicas y mucho menos los tratamientos de las ENT. Es conveniente alertar que el riesgo existe, por supuesto que existe, pero es allí donde se debe apelar a la conciencia del cuidado personal y de nuestros semejantes… “nos cuidamos entre todos” …por ello es tan importante respetar los distintos protocolos que se deben poner en práctica.

Las asociaciones profesionales como el Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA) indicó que debido a un peor control de la hipertensión y otros problemas arteriales, “entre abril y octubre de 2020” se podría producir “un incremento de 3.500 a 10.500 en los casos de nueva enfermedad cardiovascular prevenible”; y la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) estimó un aumento de entre 7 mil y 9 mil muertes por causa cardiocerebrovascular por falta de consulta y tratamiento, según los datos citados en un artículo de La Nación.

La Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA) advirtió que “la inactividad física, el aislamiento social, la depresión, la ansiedad, la ira, el estrés laboral, familiar y post traumático” son “factores de riesgo cardiovascular, y todos son posibles consecuencias de la pandemia y/o del aislamiento social preventivo”. Además, de 8 de cada 10 mujeres y 5 de cada 10 hombres mayores de 50 o 60 años presentan picos altísimos, pero esporádicos, de presión arterial sistólica (máxima) de hasta 200 o 220 mmHg (milímetros de mercurio), cuando no debería exceder los 140 mmHg, dice este artículo de La Nación.

También se podría agregar lo que informa la Fundación Cáncer (FUCA) diciendo que los oncólogos han tratado de darle tranquilidad a los pacientes, sobre todo los que deben hacerse quimioterapia o radioterapia, procedimientos que no se pueden interrumpir. “Además, están los controles a personas ya operadas, que deben seguir realizándose cada 6 meses. En estos casos tampoco es conveniente demorarse. Porque puede haber una recaída o una metástasis, que el cáncer vuelva a aparecer”, dijo la directora ejecutiva de a FUCA, María Gabriela Berta.

No debemos bajo ningún concepto desatender las patologías crónicas que deben controlarse, pues las personas que la padecen pueden llegar a perjudicarse de manera irreversible.

En conclusión, en estos días la situación que vivimos, toca los primeros principios de la bioética personalista, supremacía de la dignidad humana y el valor inminente de la vida, también se encuentra implicado el principio de libertad responsable y la obligación de los sistemas de salud de brindar y posibilitar la disponibilidad del mejor tratamiento para “las otras enfermedades”. 

Por todo lo dicho se debe mejorar en la comunicación, en la contención y en los tratamientos, diluyendo de la mejor manera el miedo instalado, ello sin perjuicio de mantener las medidas de protección conocidas por todos (tapabocas, distanciamiento,
lavado de manos frecuentes) y especiales recaudos en los grupos de riesgo más vulnerables. Solo así nos cuidaremos no solo del Covid 19, sino también de “las otras enfermedades”.

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escrito por el Jorge Ambrosino, profesor en las carreras de Inglés y en la "Tecnicatura Superior en Pedagogía Social"

La pandemia pone al desnudo las desigualdades aberrantes de un Mundo, que continúa poniendo el eje en el crecimiento económico  y no así en el desarrollo integral de la persona. El tan trillado COVID-19 se ensaña con los que menos tienen. Ataca en los barrios y comunidades más vulnerables como ocurre en los sectores humildes de Buenos Aires, Nueva York, Inglaterra y en Madrid. Aunque el virus no distingue posiciones sociales y económicas pareciera que si sabe aprovecharse de los más desprotegidos. Ahora bien, esta mirada es muy simplista y hasta moralmente tranquilizadora. Debería interpelarnos que hicimos, que hacemos y que vamos a hacer por nuestros hermanos que no tienen agua potable, que no cuentan con un sistema de deposición de excretas correcto, que no tienen acceso a las prestaciones básicas de salud, que no asisten a la escuela porque la emergencia alimentaria es prioritaria, que duerme con frío y que pasa hambre. 

Unicef señala que mueren anualmente sólo en América Latina 500.000 niños por causas previsibles y más de 95 millones son pobres.  Agrega que 4.500 niños y niñas mueren a diario por carecer de agua potable y de instalaciones básicas de saneamiento (1).

Al día 16 de mayo del corriente los diferentes medios de comunicación indican que se superaron los 300.000 fallecidos por Coronavirus en todo el Mundo. ¿Digo esto para minimizar el COVID? Por supuesto que no, ni siquiera soy un entendido en la materia. Menciono estas cifras para que revisemos nuestras políticas económicas, sociales y educativas. Para que nos demos un tiempo para pensarnos y planificarnos a 15 o 20 años. Y para que seamos ciudadanos activos y comprometidos en la búsqueda del bien común. 

¿Cuándo habrá tiempo para pensar? En todo este tiempo de cuarentena, he escuchado muy pocos debates acerca de lo que queremos como País en unos años. Tanto de la clase dirigente, como de la ciudadanía toda. Al principio se pensó en la salud, luego en la economía, después en los beneficios para el planeta, más tarde en la actividad deportiva, después como entretener a los chicos. En muy pocas opiniones se escucharon ideas universales, globales, abarcativas e integrales para cuando todo esto termine. Los egoísmos siguen a flor de piel, cada uno peleando por lo suyo. Pareciera que nunca hay tiempo para pensar, para proyectar y al final lo inmediato nos consume. Seguimos tapando baches, descuidando lo urgente y planificando para ahora.

En un mundo complejo, que destruye la naturaleza, nuestra casa, con la mirada puesta  en los avances tecnológicos y en el crecimiento económico. Con información al instante, con vecinos distantes, sin tiempo para mirarnos a la cara, sin tiempo par aburrirnos, sin tiempo para desconectarnos de las pantallas nos estamos olvidando de lo esencial: la persona humana.

(1) Fuente: https://www.unicef.org/spanish/wash/index_31600.html; https://www.unicef.org/spanish/sowc05/sowc05_sp.pdf

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