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Lic. Jorge Borgognoni, profesor de "Investigación Operativa" en la Tecnicatura Superior en Marketing

Los Estados – Nación, como se afianzaron con el nacimiento de la Modernidad, tuvieron un sinnúmero de procesos metamórficos a lo largo del siglo XX, que incluyeron a dos guerras mundiales, un par de décadas de guerra fría, unas cuantas crisis económicas, agendas internacionales que disputaron cuestiones como medio ambiente, contaminación, derechos humanos, entre otras. Es más, la lógica de asociación regional con cierta preponderancia económica hasta pareció ponerle fin a las fronteras territoriales de jurisdicción del poder nacional.

No obstante ello, en el inicio de la segunda década del siglo XXI, llegó el COVID-19 para jaquear nuevamente a otro de los caracteres esenciales de esas unidades definidas concretas otrora en el siglo XIX: la población, ya que con una participación activa de orden digital: 1) actúa velozmente en su expansión, 2) en segundo plano, 3) invisible a los sentidos, 4) eficazmente en lo objetivos poblacionales diseñados.

Ahora bien, enfrentar a este “enemigo” obligó a los decisores de poder a activar el código rojo de alarmas nacionales de orden conservador, independientemente del abanico ideológico que lo llevara al poder como de la agenda de prioridades de gobierno. Todo quedó en los anales del deseo de hacer cosas. Apareció el botón de pausa y desvío obligatorio si uno quiere retomar el camino por el que venía. Hoy la prioridad es proteger a la población.

De hecho, en una lógica minimalista de encontrar una argumentación lógica y de orden más analógico al actuar de los gobiernos, es reducir a dos variables en tanto efectos en la población a lo largo del tiempo: lo económico y la salud, para poder comprender la tensión emergente. El punto es que se nos ofrecieron, a nuestro humilde entender, tres modelos de abordaje de la misma, que indudablemente afloran los prejuicios ideológicos y domésticos.

Antes de proseguir, vamos a convenir que nos eximimos de cualquier análisis eminentemente sanitarista puro, que implique la discusión de bioestadística, tal como: aplanamiento de la curva, testeo masivos, etc. Solo consideramos algunas acciones en tanto vías de implementación de cada modelo. Entonces ¿cómo actúan?

Todos los modelos tienen dos momentos: el T0 y el T1. El T0 responde a la llegada del COVID-19 en su país y el T1, es el efecto logrado en ambas variables. El segmento que separa ambas curvas significará la acción esperada por el Estado a partir de su cosmovisión de la vida del virus en su población.

En el modelo 1: “El de la Indiferencia”, son aquellos Estados que obviaron la real implicancia negativa en sus poblaciones y que decidieron ningunear sus efectos apelando al sostenimiento de la vida productiva material, donde a medida que transcurren los días la salud fue no solo levantando la mano de la crisis que advertía sino de su colapso. Ejemplo de ellos: Estados Unidos, Italia, España, Reino Unido.

El modelo 2: “el de la Subestimación”, corresponde a los Estados que observaban lo que ocurrían en los vecinos, y que a pesar de contener la posibilidad de aplicación de acciones sanitarias, iban a estar acompañadas por la expansión de lo económico – productivo, de manera que no implicaba mayor actuación del Estado, en virtud que ya estaba contemplada implícitamente a lo largo del tiempo. Ejemplo de ellos: fueron las actuaciones de Bolsonaro en Brasil o Lopez Obrador en Mexico.

El modelo 3: “el carismático / mesiánico”, observa la expansión de lo saludable y la contracción de lo económico. Ergo el segmento que separa a ambas curvas, implica una acentuada y subrayada actuación del Estado con el afán de proteger a los suyos. De ahí que el confinamiento o aislamiento social obligatorio activa el espíritu de actuar ya para tener mañana. Los casos testigos son China y Argentina.

Lo cierto es que estos modelos están en pugna; y los une dos cosas: sus poblaciones en vilo y el avance del virus. El único testigo es el tiempo y será el encargado de comentar si la decisión de cada Estado fue la más acertada, la más beneficiosa o tal vez la más ambiciosa en pro de su población.

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Lic. Mónica Casas. Docente de  “Organización y Gestión en Salud” del tercer año de la carrera Tecnicatura Superior en Enfermería

El trabajo es una parte importante en nuestras vidas y constituye una fuente de satisfacción para sentirnos realizados. En él se ponen de manifiesto recursos personales que nos empoderan para intervenir en nuestra realidad, cambiarla, crecer y construir, junto a nuestros compañeros, un lugar de pertenencia.

Cómo enfermera del Servicio Covid, del Hospital Iturraspe, quiero contar mi experiencia laboral y personal.

La epidemia de la enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19) comenzó a fines de diciembre de 2019 en un mercado de animales de la ciudad de Wuhan, capital de la provincia de Hubei en China central. Desde entonces, se ha extendido rápidamente por China y en otros países, lo que ha generado miles de contagios en 80 países.

En este contexto, en nuestra ciudad, las instituciones de salud privada y pública específicamente el Hospital Iturraspe, comenzaron a organizar sus recursos humanos, estructurales, tecnológicos y materiales  para afrontar esta pandemia.

A mediados de Marzo 2020 a un grupo de enfermeros/as se nos comunica que pasaríamos a integrar el Servicio donde atenderíamos a pacientes con Covid/19. Una mezcla de emociones nos atravesó a todos; salíamos de un servicio donde estábamos habituados y  cómodos a uno nuevo, con otros compañeros y la incertidumbre propia que trajo esta enfermedad.

Habiendo transcurrido un tiempo considerable, puedo expresar las emociones y pensamientos que me atraviesan cotidianamente, y que también  hemos compartido con algunos compañeros.

Al principio, estuvo presente el miedo. Quizás por el marco de espectacularidad que le atribuyen los medios de comunicación a la enfermedad. Personalmente me creí una amenaza para mi familia, tuve temor por ellos.

Pero cuando analicé que tengo el conocimiento teórico y práctico para cuidarme/los, el miedo se transformó en precaución.

Más adelante y a medida que fui conociendo a mis nuevos compañeros, me dije: qué bueno, somos tan diferentes! Está el precavido, el divertido, el que está muy atento a los procesos, el empático (muy importante), el cariñoso, el que ve el vaso medio lleno y el que lo ve medio vacío. La diversidad  enriquece a un grupo humano.

Y así transcurren los días: algunos muy tranquilos, otros no tanto y no me refiero al trabajo físico sino al emocional. Muchas veces, con los pacientes aislados, ideamos formas de comunicación más humanas por así decirlo; realizamos video llamadas para que nos vean las caras descubiertas. Muchos de ellos se ponen muy tristes por la incertidumbre que les produce esperar el resultado de laboratorio y los que son positivos más aún, porque abordan con ansias que se negativicen. Extrañan a sus familiares, el contacto físico, el afecto…

Quiero mencionar valores muy importantes y necesarios para trabajar en un servicio como éste: la confianza, la responsabilidad, el compañerismo… Yo me cuido y tomo las precauciones para cuidar a los demás y confío en que los demás harán lo mismo por mí. Así funciona la cuestión.

Desde el momento que nos cambiamos con todos los elementos de protección personal para entrar a las habitaciones, mientras permanecemos adentro y cuando nos preparamos para salir, sabemos que ahí afuera está nuestro compañero. Mi compañero/a esta atento/a, me cuida, me observa, me protege. Generalmente, sólo un enfermero/a entra a la habitación de un paciente con Covid sospechoso o confirmado, otro enfermero/a está atento a las necesidades de quien está adentro y cuida de que se retire muy bien los elementos de protección personal para no contaminarse/nos en el momento en que se prepara para salir de la habitación.

Quiero llevar tranquilidad, sabemos cómo cuidarnos.

Creo que nunca antes habíamos tomado conciencia de la importancia de la solidaridad y la responsabilidad social como en estos tiempos.  Doscientos años antes del coronavirus, el escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe tuvo algunos consejos metafóricos para esta pandemia, cuando escribió: “Que cada uno barra delante de su propia puerta, y todo el mundo estará limpio”

Gracias a FASTA por este espacio para contar mi experiencia y a ustedes por dedicar tiempo para leerla.

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