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¿Jugamos? ¿Qué es lo que más recordamos de nuestra infancia?

Seguramente cuando  pensamos en JUEGO, lo asociamos a los niños, a la importancia para su formación…Pero no debería ser así; todos podemos y deberíamos participar y disfrutar de esas actividades recreativas que nos transportan a los más lindos recuerdos de nuestra niñez…

Los Juegos Motores implican diversión. Pero no diversión por si sola sino orientada hacia un fin pedagógico-didáctico; por lo tanto, diversión formativa, creativa, participativa, que apunte a mejorar el nivel motor; de forma tal que complementa nuestras clases de Educación Física.

El Juego Motor, con su naturaleza interactiva, favorece el contacto con los pares y los trabajos grupales.

Pero detengámonos un momento a pensar si no podrían los docentes, de todos los espacios curriculares, JUGAR con sus estudiantes; seguir aprendiendo con una modalidad diferente. Proponer a nuestros alumnos desconectarse y generar endorfinas, divertirse,  sonreír, colaborar y reforzar aprendizajes con actividades lúdicas que pueden generar en ellos momentos de esparcimiento y “educación integral”.

Pensemos también en nuestros adultos y adultos mayores, quienes tienen la mayor experiencia de vida y esa posibilidad de seguir jugando.

¿Por qué jugamos? ¿Hasta qué edad está permitido el juego?... Grandes interrogantes que podemos responder pensando solo en la LIBERTAD y FELICIDAD que nos permite participar de un juego en ronda, de cartas, con pelotas, de memoria, corriendo, caminando, en silla de ruedas, con muletas, con 5 años, con 25, con 50, con 80 y más…

El juego es la fantasía de las alternativas en un mundo que reconstruímos permanentemente.

Es una mirada sin condicionamientos, en una búsqueda de nuevos espacios; efectivamente permite expresar placer, riesgo, temor al fracaso, victorias, desafíos de vencer diferentes obstáculos…

¡¡¡¡JUGUEMOS!!!! Volvamos a ser niños, disfrutemos de la sana competencia y los vínculos humanos, tan necesarios en esta actualidad desvirtuada; fría, tecnológica… Volvamos a los juegos en familia los fines de semana…volvamos a los juegos de mesa cuando se corta la luz (con una velita en el medio)….VOLVAMOS A JUGAR Y A EXPRESAR NUESTRA EMOCIONALIDAD MAS ALLÁ DE LAS BARRERAS Y FRONTERAS QUE NOS PONE LA VIDA MISMA….

Lic. Mariana V. Trossero

Profesora de Educación Física

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“Sólo cuando se es capaz de compartir, encontramos la verdadera riqueza. Todo lo que se comparte se multiplica”– Papa Francisco.

Retomando un poco la historia de las escuelas argentinas, paralelamente a su tradición formal y enciclopedista, desarrolló también a lo largo del siglo XX, una larga tradición de actividades solidarias, promovidas por docentes, directivos y alumnos.

Las instituciones educativas tienen muchos modos de acercarse a la realidad de nuestra sociedad y fomentar al valor de la empatía. Este concepto, según Santo Tomás, es la capacidad de darse, desde el amor, lo que revela la grandeza espiritual de una persona y de un pueblo. Esa es la verdadera riqueza, la que siempre crece cuando se entrega.

La solidaridad es uno de los valores humanos tradicionales, emparentado con la compasión y con la generosidad, que tiene que ver con los ánimos de cooperar y brindar apoyo a una persona necesitada en su mayor momento de vulnerabilidad.

“San Francisco cuna de la solidaridad” en nuestra ciudad tenemos una larga historia solidaria, podemos nombrar ayudas vinculadas a la temática de salud, pobreza y ambiental.   Viéndose reflejadas mediante distintas recolectas, ventas, peñas, funciones a beneficio, sorteos, festivales musicales y otras actividades solidarias, como donaciones, a los fines de ayudar a quien o quienes lo necesitan.

Diariamente uno se puede sentar a pensar que actores sociales deben responder a la ayuda de la sociedad, sectores comunitarios, organizamos gubernamentales, no gubernamentales,  se considera que la sola  condición de ciudadano nos involucra a  participar en la cuestión social.

El aprendizaje-servicio es una metodología educativa que nace en base a la experiencia de las escuelas, que, poniéndole el hombro a la comunidad, no solo ayudaron a mejorar la vida de mucha gente, sino que permitieron a sus alumnos aprender más y crecer mejor como personas, desde la empatía y siendo participes con la realidad de una sociedad. Esta pedagogía pone a la educación al servicio de la transformación de la sociedad, se diferencia del voluntariado porque es una herramienta de contenido educativo. No solo es la escuela saliendo a la comunidad, sino aportando a la misma.

Concluimos  invitando y fomentando a un aprendizaje activo a través de la formulación de actividades de índole socio comunitarias.

“Yo hago lo que usted no puede, y usted hace lo que yo no puedo. Juntos podemos hacer grandes cosas”- Madre Teresa de Calcuta.

Elaborado por la docente Lic.  Analía Pagliano, y los alumnos María Agostina Pedrone y Guillermo Castellina del seminario Sujetos de la Educación, del 2do año del Profesorado de Educación Tecnológica.

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