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Prof. María Isabel Griffa, coordinadora del "Profesorado de Inglés" y la "Tec. Sup. en Traductorado de Inglés".

“¿Así que sos la hija de Mariángela?” “¡Qué gran maestra fue!...la MEJOR que tuvieron mis hijos” (Podría hacer una lista interminable de elogios que sigo recibiendo de mi mamá…Y sí, ella fue MAESTRA con mayúsculas, con el cuerpo, con la mente y con el corazón y se dio entera siempre…)

No sé si la vocación se hereda o si se cultiva o si uno nace para un determinado oficio o profesión …no sé tampoco si con el tiempo se incrementa o se pierde, si se reafirma, se confirma o se rectifica…

Cuando yo me recibí, alguien me dijo que lo maravilloso de SER DOCENTE es que uno puede compartir todo lo que sabe y seguir sabiéndolo… pero además tener la satisfacción de haberlo trasmitido a otros
que ahora también lo saben y lo pueden compartir.

Y esa es la esencia de ser docente: preparar y compartir, corregir y acompañar, planificar y revisar, equivocarse y reconocer, capacitarse y capacitar, dar y recibir, enseñar y aprender

Puedo asegurar que como DOCENTE, aprendí mucho más que lo que estudié en los libros cuando era estudiante, que lo que leí en artículos de actualidad y que lo que escuché en cursos de capacitación.

Aprendí a planificar con la máquina de escribir y después aprendí a usar la computadora y todo lo maravilloso que se puede hacer con ella para enseñar; escribí en los pizarrones negros y verdes; me llené de tiza y de polvillo al borrar; utilicé las pizarras blancas y los fibrones; enseñé con cartulinas, afiches y hojas de papel, usé grabadores, cassettes, CDs y pen drives; saqué fotocopias e imprimí todo tipo de ejercicios y explicaciones; armé powerpoints y prezis para mostrar en los televisores de algunas aulas y este año tuve que aprender a compartirlos en la pantalla por Zoom o por Google Meet. 

Aprendí a enseñarles a grupos reducidos y a grupos que literalmente no caben en las aulas, a grupos homogéneos y heterogéneos, a alumnos de instituciones públicas y privadas, a personas que creen en Dios y a quienes dicen no tener fe…

Aprendí que hay que trabajar colaborativamente, compartir experiencias, observar todos los rincones de las escuelas, entender el curriculum oculto, escuchar a los que saben, tener empatía, valorar a todos por lo que cada uno puede dar, aceptar los errores y aprender de ellos…

Aprendí que no hay que tomarse “a pecho” las reacciones y los comentarios que sentimos que no nos merecemos porque TODOS tenemos tristezas y alegrías y a veces las sacamos en el lugar incorrecto y con las personas equivocadas…

Aprendí que uno nunca termina de sorprenderse con las situaciones y las personas y que cada una de ellas tiene mucho que enseñarnos

Aprendí que hay tantas aulas y tipos de clases como arenas en las playas: frías, calientes, oscuras, transparentes, soñadoras, movedizas, duras, raras, brillantes…

Aprendí que hay tantos alumnos como olas en el mar: fuertes, débiles, poderosos, rabiosos, misteriosos, mansos, imperceptibles, difíciles de cruzar, fáciles de saltar, imposibles de olvidar … 

Y seguiré aprendiendo … (eso no termina nunca) …para intentar dar siempre lo mejor…porque de eso se trata…

Es que soy DOCENTE (como mi mamá, mi gran maestra de la vida) y estoy muy orgullosa de serlo y de haber abrazado, como muchos, esta forma de vivir

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Prof. Dr. Héctor H. Gómez (Mat. 19435/0) (Profesor en la "Tecnicatura Superior en Enfermería" y la "Tecnicatura Superior en Pedagogía Social")

Año 2020, inicio de una nueva década, inicio de un nuevo año, en los primeros dos meses, como en todo comienzo nos rodean las expectativas, los proyectos, planes a concretar, los posibles temores, sensaciones que de una u otra manera sentíamos todos. Como al pasar escuchábamos que, en una ciudad de China, a finales de 2019, había comenzado una epidemia provocada por un nuevo virus, que se llamó posteriormente Covid 19… ¡cuántas veces lo hemos nombrado en estos meses! Lo que nunca imaginamos, es que ese “nuevo integrante “de nuestro planeta marcaría un antes y seguramente un después, en nuestras vidas.

Todo cambió, desde lo más sencillo de las actividades, hasta las más complejas. Ya nada será igual. Fueron tantas las cosas oídas, dichas, interpretadas, que hasta pareció que el mundo se hubiese “detenido” …que el resto de las enfermedades “no existieran” y que todo gira alrededor de Covid, “del corona” …del nuevo virus. 

En este pequeño comentario no voy a referirme a él, ya se ha dicho mucho, algunas muy ciertas y otras… no tanto, pero sí trataré de desarrollar brevemente en este contexto de pandemia, de cuarentena, de aislamiento social, preventivo y obligatorio que rige en nuestro país desde el veinte de marzo y que aún hoy permanece, la problemática que surge, a veces por temor otras por desconocimiento, de la postergación de consultas, estudios y tratamientos de “las otras enfermedades”, especialmente las enfermedades no transmisibles (ENT), entre ellas, por ejemplo, las enfermedades cardiovasculares y cánceres entre otros. 

Según las últimas estadísticas disponibles del Ministerio de Salud de la Nación, las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en la Argentina, con el 28,5% de las defunciones; seguidas por los tumores (19,2%) y las enfermedades respiratorias (19%). De modo que las cardiopatías y los cánceres explican casi la mitad de las muertes en el país. 

Si bien no hay obstáculos para todo tipo de consultas y prácticas, muchos especialistas afirman que hay distintas trabas de facto, como el temor del propio paciente a salir de su domicilio, en particular de concurrir a los centros de salud y contraer el coronavirus. Esto es una preocupación global. 

En conferencia de prensa, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) alertó que “las medidas de quedarse en casa, las interrupciones en la prestación de servicios de atención médica y el miedo a asistir a los centros de atención han resultado en una reducción de las visitas clínicas opcionales y en un menor acceso a diálisis renal, atención del cáncer y demoras en tratamientos de alta prioridad para pacientes con ENT (enfermedades no transmisibles, tales como el infarto de miocardio; el accidente cerebrovascular, ACV; el cáncer; la diabetes, y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, EPOC)”, lo que “pone a los pacientes en mayor riesgo de complicaciones y muerte por enfermedades” que se pueden tratar. 

A su vez, la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó que “la prevención y el tratamiento de ENT se han visto gravemente afectados desde que comenzó la pandemia”.

Si bien es cierto que no existen restricciones legales para que las personas concurran a los centros de salud, muchos no lo hacen y justamente es allí, desde nuestro rol de docentes y a través de nuestros alumnos, como agentes multiplicadores de información y formación, orientar y promover que no se deben postergar las consultas médicas y mucho menos los tratamientos de las ENT. Es conveniente alertar que el riesgo existe, por supuesto que existe, pero es allí donde se debe apelar a la conciencia del cuidado personal y de nuestros semejantes… “nos cuidamos entre todos” …por ello es tan importante respetar los distintos protocolos que se deben poner en práctica.

Las asociaciones profesionales como el Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA) indicó que debido a un peor control de la hipertensión y otros problemas arteriales, “entre abril y octubre de 2020” se podría producir “un incremento de 3.500 a 10.500 en los casos de nueva enfermedad cardiovascular prevenible”; y la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) estimó un aumento de entre 7 mil y 9 mil muertes por causa cardiocerebrovascular por falta de consulta y tratamiento, según los datos citados en un artículo de La Nación.

La Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA) advirtió que “la inactividad física, el aislamiento social, la depresión, la ansiedad, la ira, el estrés laboral, familiar y post traumático” son “factores de riesgo cardiovascular, y todos son posibles consecuencias de la pandemia y/o del aislamiento social preventivo”. Además, de 8 de cada 10 mujeres y 5 de cada 10 hombres mayores de 50 o 60 años presentan picos altísimos, pero esporádicos, de presión arterial sistólica (máxima) de hasta 200 o 220 mmHg (milímetros de mercurio), cuando no debería exceder los 140 mmHg, dice este artículo de La Nación.

También se podría agregar lo que informa la Fundación Cáncer (FUCA) diciendo que los oncólogos han tratado de darle tranquilidad a los pacientes, sobre todo los que deben hacerse quimioterapia o radioterapia, procedimientos que no se pueden interrumpir. “Además, están los controles a personas ya operadas, que deben seguir realizándose cada 6 meses. En estos casos tampoco es conveniente demorarse. Porque puede haber una recaída o una metástasis, que el cáncer vuelva a aparecer”, dijo la directora ejecutiva de a FUCA, María Gabriela Berta.

No debemos bajo ningún concepto desatender las patologías crónicas que deben controlarse, pues las personas que la padecen pueden llegar a perjudicarse de manera irreversible.

En conclusión, en estos días la situación que vivimos, toca los primeros principios de la bioética personalista, supremacía de la dignidad humana y el valor inminente de la vida, también se encuentra implicado el principio de libertad responsable y la obligación de los sistemas de salud de brindar y posibilitar la disponibilidad del mejor tratamiento para “las otras enfermedades”. 

Por todo lo dicho se debe mejorar en la comunicación, en la contención y en los tratamientos, diluyendo de la mejor manera el miedo instalado, ello sin perjuicio de mantener las medidas de protección conocidas por todos (tapabocas, distanciamiento,
lavado de manos frecuentes) y especiales recaudos en los grupos de riesgo más vulnerables. Solo así nos cuidaremos no solo del Covid 19, sino también de “las otras enfermedades”.

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