info@fastasf.edu.ar 03564 424556 / 427854
Conocé más de nosotros

Nuestras novedades

escrito por el Jorge Ambrosino, profesor en las carreras de Inglés y en la "Tecnicatura Superior en Pedagogía Social"

La pandemia pone al desnudo las desigualdades aberrantes de un Mundo, que continúa poniendo el eje en el crecimiento económico  y no así en el desarrollo integral de la persona. El tan trillado COVID-19 se ensaña con los que menos tienen. Ataca en los barrios y comunidades más vulnerables como ocurre en los sectores humildes de Buenos Aires, Nueva York, Inglaterra y en Madrid. Aunque el virus no distingue posiciones sociales y económicas pareciera que si sabe aprovecharse de los más desprotegidos. Ahora bien, esta mirada es muy simplista y hasta moralmente tranquilizadora. Debería interpelarnos que hicimos, que hacemos y que vamos a hacer por nuestros hermanos que no tienen agua potable, que no cuentan con un sistema de deposición de excretas correcto, que no tienen acceso a las prestaciones básicas de salud, que no asisten a la escuela porque la emergencia alimentaria es prioritaria, que duerme con frío y que pasa hambre. 

Unicef señala que mueren anualmente sólo en América Latina 500.000 niños por causas previsibles y más de 95 millones son pobres.  Agrega que 4.500 niños y niñas mueren a diario por carecer de agua potable y de instalaciones básicas de saneamiento (1).

Al día 16 de mayo del corriente los diferentes medios de comunicación indican que se superaron los 300.000 fallecidos por Coronavirus en todo el Mundo. ¿Digo esto para minimizar el COVID? Por supuesto que no, ni siquiera soy un entendido en la materia. Menciono estas cifras para que revisemos nuestras políticas económicas, sociales y educativas. Para que nos demos un tiempo para pensarnos y planificarnos a 15 o 20 años. Y para que seamos ciudadanos activos y comprometidos en la búsqueda del bien común. 

¿Cuándo habrá tiempo para pensar? En todo este tiempo de cuarentena, he escuchado muy pocos debates acerca de lo que queremos como País en unos años. Tanto de la clase dirigente, como de la ciudadanía toda. Al principio se pensó en la salud, luego en la economía, después en los beneficios para el planeta, más tarde en la actividad deportiva, después como entretener a los chicos. En muy pocas opiniones se escucharon ideas universales, globales, abarcativas e integrales para cuando todo esto termine. Los egoísmos siguen a flor de piel, cada uno peleando por lo suyo. Pareciera que nunca hay tiempo para pensar, para proyectar y al final lo inmediato nos consume. Seguimos tapando baches, descuidando lo urgente y planificando para ahora.

En un mundo complejo, que destruye la naturaleza, nuestra casa, con la mirada puesta  en los avances tecnológicos y en el crecimiento económico. Con información al instante, con vecinos distantes, sin tiempo para mirarnos a la cara, sin tiempo par aburrirnos, sin tiempo para desconectarnos de las pantallas nos estamos olvidando de lo esencial: la persona humana.

(1) Fuente: https://www.unicef.org/spanish/wash/index_31600.html; https://www.unicef.org/spanish/sowc05/sowc05_sp.pdf

Leer Más
Paulina Wallberg, estudiante de 4° año de Psicopedagogía

Integración educativa, un desafío que aún tiene un largo camino por recorrer

Hoy en día, en Argentina, Inclusión e Integración escolar, son palabras que resuenan continuamente entre la población. Es común oír hablar de “un mundo más inclusivo”, de “igualdad de derechos”, de “un nuevo paradigma educativo”, etc. Pero, ¿realmente somos una sociedad inclusiva? Nuestro sistema educativo, ¿lo es?

Entendemos por inclusión educativa, una modalidad del sistema educativo que parte de la diversidad para favorecer el máximo desarrollo posible de todo el alumnado, y como un factor que enriquece a la comunidad en general.

La misma, implica múltiples beneficios, tanto para aquellos que poseen una discapacidad como para los que no, porque se aumenta la participación de todos los alumnos en el proceso de aprendizaje, sin hacer diferencias, y se fomenta el diálogo abierto, así como el respeto a todas las personas.

A pesar de sus múltiples beneficios, “no tenemos vacantes”, “Esta no es una escuela para su hijo”, son algunas de las frases que suelen escuchar los padres de niños que tienen alguna discapacidad o dificultad y quieren hacer valer el derecho a la educación que en la Argentina está amparado por la Constitución.

Esto demuestra que aún existen muchas barreras para la implementación de la integración, si bien es cierto que se ha avanzado mucho en la materia, por lo que hoy conocemos numerosas instituciones educativas que tienen entre sus alumnos a chicos con diferentes condiciones. Sin embargo, generalmente, éstos no están incluidos, y sabemos que “no alcanza con estar dentro de la escuela para aprender”. El sujeto integrado debe contar con los apoyos que necesite, y con el trabajo de docentes, directivos y especialistas, para que esta integración se de también a nivel social, dentro y fuera de la escuela.

Entre los múltiples obstáculos que dificultan la concreción de un sistema educativo que integre las diferencias en Argentina, podemos mencionar, la ausencia de la integración escolar como un contenido específico dentro de la formación docente en los profesorados, la insuficiencia de equipos interdisciplinarios para apoyar la integración, la mirada rígida y cerrada que, aún hoy, algunas organizaciones educativas tienen, las normas sociales, las barreras físicas en la estructura de las escuelas, que restringen la accesibilidad de los estudiantes con discapacidad, la falta de predisposición o interés por parte de los maestros para trabajar con personas con discapacidad, entre otras.

La superación de estas barreras requiere del trabajo y la participación de todos, por lo que debemos ayudar a que este cambio se concrete, creando así, un mundo más inclusivo, en donde todos seamos uno, y nadie sufra por discriminación ni exclusión por tener ritmos o formas de aprendizaje diferentes.

Leer Más
Facebook   WhatsApp