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Experiencia en primera persona. Alumnos del primer año del Profesorado de Inglés desde el espacio Práctica Docente I nos cuentan cómo vivieron y viven la pandemia. Profesora Natalia Baggio.

Hablar de mí me resulta muy complicado, creo que uno cuando escribe deja ver la esencia y lo que es como persona, y esto me hace sentir muy vulnerable ante el resto. Siempre me gustó escribir e intentar descubrirme, conocerme y tener siempre presente quien soy...

Siempre fui una persona de muchos amigos, muy segura en cuánto a los estudios, nunca tuve problemas para realizar nada, siempre pude con todo. Estaba feliz todo el tiempo, nada me hacía perder la calma, constantemente me encontraba haciendo alguna actividad y siendo la típica chica perfecta que no tenía problemas, porque así lo era...

Pero como todo lo lindo, también tiene un detrás lleno de estrés, de impotencia y de no saber si “realmente acá es mi lugar”...

Me costó acostumbrarme al ritmo de estudio, al ser constante, al no estar presente en una juntada con mis amigos ya que tenía que cursar o realizar alguna tarea, a que me puede ir mal y que está bien fallar. Fue un comienzo de año que realmente cambió mi forma de vida. Me mudé, paso la mayor parte del tiempo sola, eso también es nuevo para mí y creo que no lo quiero como una constante en mi vida...

Todo esto iba a suceder en algún momento porque la vida se trata de cambios constantes y de adaptación a esta clase de transformaciones como persona. Por lo tanto estoy haciendo todo lo posible por estar bien y mantener todo aquello que me hace feliz...

De esta manera solo quiero estar lo mejor posible y combinar las experiencias de todas las etapas de mi vida para sacar lo bueno de todas ellas...

Situaciones como éstas estamos pasando todos, el estrés se apodera de nosotros y creemos que no vamos a poder salir adelante, pero eso no nos tiene que frenar; tenemos que DEMOSTRAR QUE TENEMOS EL POTENCIAL Y DAR PELEA CONSTANTEMENTE, NO BAJAR LOS BRAZOS A LA PRIMERA, SI NECESITAMOS UN DESCANSO DÁRNOSLO, VIVIR EN EL SER Y NO EN EL EGO, AHÍ ESTÁ LA CLAVE [...]

Rolle, Emilia

 

En estos últimos meses mi forma de ver la educación cambió.

Durante mi transcurso en el secundario, no lo consideré importante. Para mí fue algo que debía hacer porque era mi responsabilidad y, a pesar de no gustarme, entendía que sería necesario para mi futuro.  A pesar de esto, en todos mis años logré mantener un promedio de notas y llegué a ser primera escolta...

En estos tiempos, debo exigirme mucho más a mí misma para poder volver a tener un ritmo que funcione en esta etapa de mi vida. El haber bajado el ritmo el año pasado debido a la pandemia también implicó una baja en mi desarrollo, teniendo que adaptarme otra vez a las actividades que antes habría podido hacer sin ningún problema.  En estos meses, me di cuenta de cómo mi educación secundaria ayudó en mi crecimiento personal y como me permitía mantenerme “atenta”. Pero también que el nivel con el que terminé no está a la altura de lo que exige esta carrera...

Ahora entiendo que el nivel secundario es sumamente importante para prepararnos para el futuro, ya sea sobre qué vamos a estudiar o no, y cómo formar parte del grupo de personas que ayuda en esta preparación es fundamental. El rol que desarrollan los docentes dentro de nuestra vida, así sea mínimo, puede marcar cómo sobrellevaremos las situaciones futuras. Nos ayudan a superarnos y desafiarnos a nosotros mismos [...]

Racetto, Valentina

 

Algunos no nos centramos en reflexionar sobre el sentido de la vida.  Muchas veces la mayoría de las personas no sabemos qué hacer con nuestras vidas, a qué venimos, cuál es nuestro propósito. Algunos lo averiguan rápido, otros no y algunos se van sin saber a qué vinieron, incluso hay personas que ni se dan cuenta que ese es su propósito porque quieren más y más...

Siempre “buscándole el pelo al huevo” estoy en una constante dinámica como una galaxia espiralada siempre queriendo encontrar mi punto de convergencia de la persona que soy y de lo que quiero. Yo todavía no sé a qué vengo porque me falta madurar, supongo que en algún momento de mi vida lo voy a lograr...

Reconozco que no siempre estoy en sintonía conmigo y con los demás para poder estar bien yo y poder lograr mi sentido de vida, pero como dije con un poco de maduración y confianza en mí misma voy a lograr mi objetivo, saber a qué vine, cual es mi camino. “El sol sale para todos” [...]

Luque, Selena

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Escrito por la Lic. Natalia Benítez, profesora de la Tecnicatura Superior en Enfermería

Ingresamos al Hospital a las 5:40, es nuestro trabajo, lo que sabemos hacer y para lo que nos formamos. Nunca imaginamos vivir este momento, una Pandemia. Tuvimos que aprender a utilizar equipos de protección, para no exponernos al virus, con sensaciones de cansancio físico, mental y desgaste emocional. Los gorros aprietan con fuertes elásticos, los barbijos lesionan nuestras orejas y las escafandras contracturan nuestras cervicales. Vestidos así las horas son interminables. Se dificultan hasta las acciones más simples como tomar agua o atender un llamado. Me pregunto ¿cómo quedaremos cuando esto pase, como re armaremos nuestras mentes agobiadas? A las 11 de la mañana el cansancio es la palabra que se instaló en nuestro vocabulario, vino hace más de un año y decidió quedarse. Hacemos nuestro trabajo, sintiendo que queda más por hacer, que nunca es suficiente, que la calidad que deseamos nunca se alcanza. Hay un cambio de paradigma, un cambio en el cuidado de nuestros pacientes. Tuvimos que re armarnos y armar un sistema de Salud visiblemente fracturado por la falta de insumos y de recurso humano. Compartimos horas con personas que no conocemos, pacientes angustiados, con temor a lo que puede pasar, alejados de su entorno, de sus familias. Familiares a los que tratamos de calmar dándoles nuestros números de teléfonos para que puedan estar en contacto o saber de su gente, buscamos rescatar la humanidad que muchas veces se pierde en las terapias intensivas. Muchos de ellos mueren sin siquiera conocer nuestros rostros. La muerte se volvió cotidiana, pero no costumbre. Duele, cada una duele. Somos personas que sentimos, defensores de los derechos de los pacientes. Los profesionales de enfermería en conjunto con el equipo de salud, seguimos formándonos, trabajando por un fin común, cuidar a las personas. A las 14:00 hs finalizamos nuestras guardias, felices de irnos, (que no se mal entienda), es tanto el estrés, la impotencia y frustración que nos atraviesa, que el refugio de nuestro hogar es anhelado, esperamos el abrazo de nuestros hijos que no comprenden nuestros rostros apagados al llegar del trabajo. Pero siempre pensando que es un día menos para el final. Luego el silencio, el tratar de desconectarnos, de seguir nuestra vida diaria. Hasta que la alarma del despertador suena otra vez a las 5 de la mañana y comienza nuevamente la rutina, hacer lo que uno sabe, cuidar del otro. Nuestro deseo es que la sociedad actúe en consecuencia, no queremos aplausos, queremos un gesto de cuidado para uno mismo y para el otro. Pedimos empatía, hoy más que nunca, el recurso humano de enfermería es finito. Primera ola, segunda ola, nos preguntamos: ¿cuánto más?, ¿cuánto más resistirá este paupérrimo sistema de salud y estos cuerpos? ¿Qué debemos aprender? que enseñanza nos deja la Pandemia? ¿debemos replantear nuestras prioridades? ¿Sacó lo mejor de nosotros? Muchos interrogantes, pocas respuestas.

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