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Ing. Prof.  Analía Mansilla, profesora de Educación Tecnológica y Práctica Docente I del Profesorado de Educación Tecnológica.

Desde sus orígenes la dinámica de la escuela estuvo condicionada a la dinámica del aula, las paredes y los recursos han definido la forma de organizar y desarrollar una clase. El aula física se constituyó en el espacio privilegiado donde los docentes enseñaban y los estudiantes aprendían la mayoría de las veces receptivamente, escuchando sentados, mirando alternadamente al docente y al pizarrón o la pantalla, estableciendo allí el punto de concentración de la atención. Cada uno desde su rol necesitó emplear diferentes estrategias porque la distribución del mobiliario condicionó la recepción y la atención de los estudiantes desvirtuando la concentración del conocimiento. Con el avance tecnológico, la práctica pedagógica incorporó el uso de medios digitales, omitiendo la luz propia de los mismos; de allí que el desafío del docente pasó a ser la problematización y la construcción que él propiciara en los estudiantes, como valor agregado de la clase.

Durante mucho tiempo a los docentes les costó considerar que ciertas actividades que correspondían al conocimiento escolar pudieran realizarse fuera del aula física. En ese tránsito apareció la pandemia, circunstancia que obligó a pensar de nuevo toda la escuela; el aula virtual comenzó a ser una de las estrategias que pueden albergar mejor a una escuela a distancia. Hoy se constituye en el espacio que permite al estudiante y al docente relacionarse con el contenido, pero también volver a encontrarse con el conocimiento y el contenido recursivamente, ya que dispone de herramientas para impulsar procesos de organización de tiempos y espacios, para la construcción colectiva e individual; con un sentido de humanidad que permite construir y sostener el vínculo con los estudiantes.

El saber didáctico del docente va más allá de la familiaridad que él tenga con las pantallas y los medios digitales. Es este saber el que le permite decidir qué hacer con ellos, cómo aprovecharlos y para qué, es decir, tender un puente para que lo físico no le condicione la clase. Esta labor del docente como constructor del conocimiento de sus estudiantes, no se ha perdido sino que se ve enriquecida cuando apoyado en la tecnología del aula virtual inicia o continúa las discusiones, propone lecturas y grupos de discusión sobre el contenido, comparte materiales multimedia o propone itinerarios de lecturas en diversos soportes. Como expresa Prieto Castillo (2012) “Aprendemos cuando analizamos un mensaje en el foro… cuando nos disponemos a criticar algo, a expresar una posición diferente… Aprendemos cuando comparamos dos posturas y buscamos consecuencias o discrepancias… Aprendemos cuando nos hacen dudar… Aprendemos cuando lo que pensamos deja de estar blindado por las certezas”. De esta manera posibilita en los estudiantes el desarrollo de habilidades como aprender, comprometerse, recordar, recuperar, integrar y transferir, apropiarse de los contenidos y organizarlos como conocimientos, atribuyéndole significatividad. Es decir que a través del aula virtual, el docente dispone de herramientas para dinamizar y potenciar las propuestas que hasta hace solo dos meses atrás se llevaban a cabo en el espacio del aula física, redefiniendo el tiempo de clase como un tiempo centrado en el estudiante, lo que implica la generación de las condiciones apropiadas para el aprendizaje, no sólo para el desarrollo de los contenidos sino también para anticipar sentidos.

Con la actividad del docente se produce un encuentro, una ocasión para que el estudiante se sienta convocado por algo que pasó o que pasa en el mundo. El desafío está en aprovechar el encuentro para capitalizar eso que les pasa y transformar en conocimiento la experiencia por la que están transitando. Posiblemente este sea el momento más complejo para desarrollar la tarea pedagógica, pero no quedan dudas que el trabajo de los docentes continuará impulsando debates respecto de los nuevos requerimientos de las tecnologías emergentes, de la continuidad de ciertas prácticas y de la discontinuidad de otras a partir de replanteos sociales respecto al rol en su labor de constructor.

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Escrito por Marcos Beccarini, profesor de "Investigación de Marketing"  de la Tecnicatura Superior en Marketing

Si bien es cierto que para tomar una decisión acertada de Marketing se necesita una mezcla de creatividad, audacia, experiencia e intuición, hay un “ingrediente” que nunca puede faltar y es la información.

Quienes tomen decisiones de Marketing deben contar con sistemas y procedimientos formalizados para generar, analizar, almacenar y distribuir de manera continua información de valor para los responsables de tomar decisiones.
Los Sistemas de Información de Marketing (SIM), con el soporte de las tecnologías de información y comunicación, se estructuran principalmente en base a Registros Internos, que contienen información generada por la empresa producto de toda su actividad (por ejemplo, la información de ventas); Información de Inteligencia, con información externa del macro y micro ambiente de mercado (por ejemplo, información de la competencia); Investigación de Mercados, con información que no está disponible y hay que producir para una situación específica (por ejemplo, información que permita identificar un problema o encontrar las soluciones a un problema); y la información de Análisis, como pruebas y valoraciones cualitativas y cuantitativas que son oportunas para orientar a los responsables de marketing en su toma de decisiones.
Los profesionales egresados de INSTITUTO SUPERIOR FASTA INMACULADA CONCEPCIÓN de la carrera TÉCNICO SUPERIOR EN MARKETING están formados para diseñar Sistemas de Información confiables que ayuden a Empresas, Profesionales o Instituciones a tomar mejores decisiones para alcanzar sus metas.

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